Juan García Ripollés dejó hace ya 50 años la brocha gorda de la pintura industrial, donde empezó como aprendiz con tan solo 12 años, para dedicarse a la pintura fina y a la escultura. Y para conmemorar el aniversario, el pintor y escultor castellonense, también conocido como Ripo o Beato Ripo, despide el año con varias exposiciones repartidas por Europa, en Córdoba, Bélgica, Holanda y Francia.

Todo empezó en noviembre de 1958, cuando se trasladó a París a los 22 años para trabajar con la brocha gorda, cuando la prestigiosa galería parisina Drouand David se fijó en el casi por accidente, lo ficha y forma parte del grupo de pintores que la gelería tiene, un gran escaparate teniendo en cuenta que en esta galería se paseaban obras de Picasso, Buffet o Chagall.

Su obra empieza a ser vista por todo el mundo, Europa o Japon se rinden a su obra. En Estados Unidos, concretamente en Nueva York, se da la anécdota en la que el famoso coleccionista y marchante Leon Amiel de la galería Larrouse, adquirió toda su obra, algo que pasó en su viaje a Japón.

A Ripollés la pintura se le quedó pequeña y después de volcarse durante muchos años en ella, en los ochenta, se introdujo en la escultura, una disciplina con la que ha adquirido, aún más si cabe, gran notoriedad internacional. De hecho, Ripollés, junto con Botero, son los únicos artistas que han podido exponer en las calles de Venecia esculturas de gran formato.

Son numerosas las galerías, museos y ferias, nacionales e internacionales, donde se ha expuesto su obra. Madrid, París, Barcelona, Sevilla, Nueva York son sólo un ejemplo de un largo etcétera, donde también están las ferias de ARCO, SAGA, PAN o MIAMI ART.

Fuente: El Mundo, entrevista a Ripollés en el 2000 en El País.