Keith Haring es el grafitero más famoso de la década de los 80 (seguro que muchos reconoceréis la obra) que con un rotulador negro, una tiza blanca y mucho talento transformó sus dibujos en obras de arte mundialmente reconocidas. Dibujos con una temática variada que abarcaba todos los asuntos sociales imaginables.

Nació el 4 de mayo de 1958 en Reading (Pensilvania, EEUU), y desde muy pequeño mostró su interés por el dibujo y por la estética de los cómics que le influyó, así como los dibujos de Walt Disney.

Estudió en la Facultad Ivy de Arte de Pittsburgh, pero esta no le convenció y la abandonó por que él tenía otra forma de ver las cosas. Así que, se trasladó a Nueva York, estudió en la Escuela de Artes de Nueva York y allí se desarrollo como artista influenciado por Keith Sonnler y Joseph Kossuth.

Comenzó a pintar sus grafitis por las paredes de la ciudad, por vagones y estaciones de metro (acto que le costó más de un arresto); incluso pinto tazas, gorras y camisetas que vendía en la tienda que el mismo abrió en 1986 “Pop Shop”. Dibujos fáciles de identificar por sus esquemáticas figuras y animales que reflejaban el amor y el sexo, denunciaban la violencia y el racismo o alertaban sobre el SIDA, enfermedad que le atrapó cuando sólo tenía 31 años. Un año antes de morir crearía su propia Fundación, que lleva su nombre, y que en la actualidad se vuelca en acciones de prevención del sida.

De la mano de Jean-Michel Basquiat y su pareja Andy Warhol, entró en el ambiente de la alta sociedad neoyorquina y pronto llegaría a codearse con artistas ya consagrados. Fue tal la popularidad que alcanzó, pronto comenzaría a rifarse sus obras, que organizó su primera exposición individual en la galería Tony Shafrazi a la que asistió el mismísimo Roy Lichtenstein.